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biberon sin lecheEchando un vistazo algunos artículos ví uno que me llamo tanto la atención y en pocas palabras hizo que me transportara en el tiempo a ese cuerpo de esa mama lleno de dolor por la pérdida de su bebe… pena por el dolor, rabia por la pregunta. ¿Por qué tiene que pasar esto? Y impotencia, mucha impotencia de no tener palabras de consuelo para calmar ese sufrimiento que solo una mamá puede sentir cuando le arrancan de su vientre a lo más amado y bello que ella ha creado con amor, para decirle la palabra más fea y horrible que puede escuchar nadie – tu hijo nació sin vida-. Nueve meses de espera, nueve meses de amor, para que en cuestión de minutos esa maldita frase rompa tu vida, tus sueños, tu ilusión… aquí os dejo el relato de esta madre que vivió este sufrimiento inconsolable.

Cuando la leche no es blanca

El pasado 3 de marzo mi hija Mai nació muerta. Nadie te prepara para eso. Nadie está preparado. Dentro de la nebulosa del momento, burocracia, gestiones, decisiones y recuerdos, alguien te ofrece pastillas para cortar la leche. Alguien te dice que puedes esperar. Y en ese momento caes en que tu cuerpo, tu cuerpo de madre, parida la placenta, producirá leche en unos días. Y te “cagas” en la Naturaleza. Mi elección fue esperar, quizás para aferrarme a lo que de Mai me quedaba. No me arrepiento, fue una despedida suave y paulatina, pero cada mujer debe tener libertad para escoger la suya. Los profesionales deben informar. No juzgar. Tras la cesárea de urgencia y la muerte, el shock y el dolor físico dejaron paso a una fuerza increíble que me impulsaba a levantarme, a lamerme mi propia herida. Los pechos se me llenaron de leche, tremendos y calientes. Fui mamífera en estado de alerta, buscando a mi cría, esperándola. Por la cesárea tomaba antiinflamatorios, quizás por eso no sentí dolor, solo malestar, no tuve necesidad de extraerme leche ni de aplicarme fríol. Dejé fluir la leche, simplemente, dejé que me mojase despidiendo a mi bebé, dejé que se perdiese. Dejé a mi cuerpo hacer su duelo, llorar su luto, hasta que la leche se marchó. Y con ella la fuerza. La mamífera que por fin tomó conciencia de que su bebé no iba a volver. Mamífera vacía de vientre y pechos muertos. El cuerpo de madre, creador, nutricio, lleno de vida y alimento pasó suavemente a convertirse en silencio, en cementerio.

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